Un mundo violento

Hace algunas semanas, mi tía nos contó que se encontraba muy angustiada porque sus amigos fueron secuestrados, después de no saber nada de ellos durante varios días, el amigo de mi tía apareció en la morgue con señales de tortura, sin embargo, su esposa no era localizada por lo que se esperaba que siguiera con vida. La pareja tenía dos hijos pequeños, tenían un año de casados y acababan de comprar su casa, justo a un costado de la propiedad de mi tía, es muy triste lo que ocurrió con ellos, tuve el gusto de conocerlos y sé que eran muy buenas personas, recuerdo que siempre ayudaban a los perritos de la calle, los bañaban y les buscaban casa. Hace unos días, apareció muerta la amiga de mi tía, nadie sabe cual fue el motivo de su secuestro, pues no se pidió rescate, las autoridades dicen que seguirán investigando.
Decidí escribir sobre esto porque este viernes, una amiga venezolana estaba llorando en el trabajo y me contó que era porque acababan de avisarle que sus mejores amigos (un matrimonio también) fueron secuestrados en Venezuela, en su caso si se pidió rescate, sin embargo, en cuanto fue pagado, los asesinaron. A diferencia del caso de los amigos de mi tía, el secuestro del matrimonio venezolano duró tan solo tres días pero resulta ser igual de impactante para mí. Algo que me resultó muy incómodo sobre esto, fue que una compañera tomó la situación a manera de chisme, haciendo un comentario bastante superficial y en tono muy inapropiado, dijo que "ese tipo de cosas pasan más en México" y que eso no era algo nuevo para ella.
Me molestó mucho el pobre comentario de mi compañera, pero también me hizo reflexionar sobre el hecho de que estamos tan acostumbrados a la violencia que nos rodea y la que vemos en los medios de comunicación (quienes tienden a contabilizar a las víctimas de forma constante), que la hemos asimilado e incluso normalizado, de tal forma que el simple secuestro de una pareja en otro país (entiéndase en tono sarcástico) no resulta ser algo relevante o preocupante. 

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